domingo, 26 de junio de 2011

El vuelo de las mariposas -6.- El vuelo de las mariposas-

Capitulo 6.


El vuelo de las mariposas.

-Felicidades Mikage- repetían todos mientras yo apagaba las velas de mi pastel, ya dos meses habían pasado desde el incidente de la estación, ese día fue ocupado para mi, comida con los amigos, festejo con mi hermana, y al final una noche romántica con mi Urara.

Toque a la puerta del departamento de Urara, abrió la puerta, y se veía hermosa como siempre, con su rostro cálido, que me transmitía paz y quietud, me abrazo felicitándome, besándome, me quito el abrigo y lo puso en el perchero, me llevo a su sala, y en su pequeña mesa de centro, había un pequeño pastel, -¡vamos!¡ vamos! apaga las velas- sople las velas, y era tanta la felicidad que no lo podía creer, me dio una caja blanca con un listón rojo -toma te he comprado algo- abrí la caja rápidamente y era la mitad de un dije de mariposa y un boleto de tren, fechado de hacía meses atrás, la mire un poco desconcertada por los regalos tan originales, -se que estas pensando ¿esto qué es? Bien, el boleto de tren es el del día que nos vimos por primea vez, no preguntes como es que di con él, -sonrió-y la mariposa, bueno, es que yo tengo una igual, y pues, darte la mitad de un corazón es algo muy común, prefiero darte esto, la mitad de una mariposa, tu tendrás una y yo tendré la otra- me sorprendió el hecho del regalo, pero me alegro tanto, al ver que ella me amaba de verdad, como nadie me había amado antes, y yo le amaba a ella, era un amor tan grande, tan limpio, tan hermoso, sus abrazos, sus besos, sus caricias, sus miradas, su aroma, era como permanecer en el cielo, ir y regresar en un suspiro  de la mano de dios a tierra firme.
Esa noche permanecí en casa de Urara, salí temprano de su casa para tomar un taxi a la universidad, llegue y una amiga me dijo que mis mirada brillaba, que realmente estaba muy feliz, y en efecto yo era feliz, jamás lo había sido tanto.

Cuando se dio la hora de salida, corrí rápidamente hacia la estación, quería verla de nuevo, entre rápidamente a la estación, y ahí estaba ella, en nuestra banca, en el lugar donde nos habíamos visto cientos de veces, la abrace y ella me dijo que que era lo que me ocurría, tan solo me limite a contestarle que la amaba, eso era lo que ocurría, entramos al vagón y hablamos hasta la estación que teníamos que bajar, salimos y compramos unas cajas de té, para poder ver unas películas por la noche, cuando salíamos, Urara había olvidado su bolsa dentro de la tienda, y yo la espere afuera, en ese momento mirando a los que transitaban por las calles, vi a uno de los tipos que nos habían seguido, Urara salió, pero opte por no decirle lo que había visto, dimos pie para irnos a la estación, bajamos las escaleras, y no sentamos un rato, pero no permanecimos mucho, el andén se vació, así que me levante y ella al par mío, cuando de repente se escucho el nombre de ella a lo lejos en un grito con eco entre la gente <<¡URARA!>>, era aquel tipo que había visto, apuntando con un arma hacia nosotras, lanzo un disparo al aire y nos quedamos inmóviles al verlo, -por tu culpa mi hermano fue perseguido y asesinado, por su culpa casi me meten a la cárcel, por su culpa perdí todo, ahora ustedes morirán- apunto su arma hacia mí, lanzando dos disparos, pero Urara se puso frente a mí, recibiendo los disparos en su estomago, y su costado izquierdo, cayó en mi, lentamente, cayendo en mis brazos, el tipo se dio la vuelta y subió las escaleras rápidamente, y ahí me quede yo, gritando como loca que alguien me ayudara, que me auxiliaran, mi Urara se me moría en mis brazos, su sangre corría por mis manos, y caí en el piso del andén, sus ojos cristalinos, con si mirada pura, me miraban con tranquilidad, -Urara, no mueras mi amor, no te mueras-, la apretaba contra mi pecho, tratando de que no se durmiera, un policía se acerco y me dijo que me calmara que la ayuda ya iba en camino, pero mi Urara sufría, -no me dejes sola Urara, por favor, no me dejes, no te mueras, mi niña hermosa, no me abandones por favor, no me dejes- le repetía mientras mis lagrimas rodaban por mis mejillas y caían en su ropa cubierta de sangre, -no llores mi Mikage- susurraba dibujando una pequeña sonrisa en su rostro, cerraba su boca con mi mano para que no se esforzará, pero no podía más ella sufría y yo no podía hacer nada para detener su dolor, mi vida completa se iba de mis manos, y yo no podía detenerla, -Mikage solo un beso más- me sorprendió cuando me dijo eso, entre lagrimas le afirme con la cabeza, y la bese lentamente, entre lagrimas y sangre, bese sus labios, su labios que eran míos, sus labios tan cálidos y tibios, que lentamente se iban haciendo rígidos y fríos, ella subió su manos y toco mi mejilla, yo tome su mano y la entrelace con la mía,  -te amo Mikage-,-yo también te amo Urara- y lentamente cerro sus ojos, esos ojitos que me iluminaban la vida, se cerraron al compas de un último suspiro, dejando sus labios abiertos, -Urara, Urara, respóndeme Urara, Urara no te mueras, Urara, mi Urara no mi amor, no te mueras no me dejes sola, no, Urara-, movía su cuerpo tratando de despertarla, pero ella ya no reaccionaba, no me decía nada, su corazón ya no latía, ella no, mi Urara, mi hermosa niña estaba muerta, y yo no podía revivirla como el príncipe de los cuentos reviviendo a las princesas, mi Urara estaba muerta, mi ángel, me había abandonado, tome su cuerpo y lo pegue a mi pecho, abrazándola arrojando llanto desesperado, los paramédicos y policías solo me observaban, y no me decían nada, solo me observaban como sufría por mi Urara.

Había pasado ya mucho tiempo, y ahí permanecía con el cuerpo de mi Urara en mis brazos mirándola, acariciando su cabello como cuando dormía, ella estaba dormida, de repente escuche a mi hermana, -Mikage, deja que se lleven a Urara-, tomando mi mano para quitarla del cuerpo sin vida de mi Urara-no déjame, que no vez que está dormida, déjala-, -Mikage, Urara… Urara está muerta tienes que dejarla ir-,-no cállate, ella no está muerta no lo está-, la imagen era de una chica abrazando un cuerpo muerto, una triste imagen, que si la hubiese visto a distancia hubiera dicho que estaba loca, mi hermana me levanto lentamente, mientras los paramédicos tomaban el cuerpo de Urara, y lo tapaban con una sabana, mi hermana me abrazo, pero yo estaba perdida, me encontraba perdida, tratando de hacer a mi mente pensar que era una pesadilla, que despertaría, llamaría a Urara y ella me contestaría.

Varios días habían pasado, los funerales de Urara ya se habían realizado, mi hermana, Hitoshi, y un amigo de la familia se habían encargado de todo, mientras yo permanecía encerrada en mi mundo, en un mundo donde Urara seguía viva, y yo podía estar con ella, marcaba a su celular y escuchaba su contestadora, una y otra vez, para escuchar su voz, veía las fotografías y los videos que tenia con ella, todo era ella, mi mundo se había acabado al momento que ella había dejado de respirar, mi tristeza llego a tal grado de querer morir o de llorar por días enteros gritando su nombre, deje de hacer lo que hacía, yo solo quería permanecer sola pensando en ella. Mi hermana me llevo con un psicólogo, y lentamente fui aceptando que mi Urara, el amor de mi vida había fallecido, y yo tenía que vivir con eso, para siempre.
Muchas semanas después me atreví a salir de casa sola, y poder ir al cementerio donde se encontraba mi Urara, frente a su tumba, permanecí varias horas, hincada, llorando en silencio la ausencia de mi niña, llegue a odiarla por el hecho de haber roto su promesa de haberme dejado sola, pero no podía odiarla, la amaba demasiado como para odiarla.
Cuando atraparon al sujeto que la había asesinado, fue como revivir todo de nuevo, ver su rostro, y saber el porqué nos había perseguido, el hecho de que fuera a matarnos en venganza de que su hermano había sido muerto en una persecución para su captura, por las cosas que había robado, solo había sido un accidente, un fatal accidente, que encauso el hecho de que me robara la vida de Urara.

Comencé a realizar mi vida normal, pero no tomaba el metro, hasta que un día decidi, hacer algo, que quería hacer con ella, fui a una tienda de mascotas a comprar algunas mariposas, me las dieron en una pequeña caja, y decir ir al parque, pero debía tomar el metro, ese día decidí revivir de nuevo el hecho de poder volver a sentir la emoción que sentía con ver a mi Urara en la estación del metro. Baje los escalones lentamente, con mi bolsa y mi pequeña caja de mariposas, mire la banca y lentamente me acerque a ella, tome asiento, mirando fijamente el lugar donde mi Urara se sentaba, mire el reloj, y eran las 4:30, hora en que llegaba el tren, subí al andén, al mismo vagón, al mismo lugar, al mismo tiempo, salí de la estación y camine hacia el parque, me adentre entre la maleza a nuestro lugar escondido, donde permanecíamos juntas siempre, casi todas las tardes ahí, el ocaso se comenzó a ver, y me levante, agitando un poco la caja donde estaban las mariposas, la abrí lentamente, dejando salir todas las mariposas, -anden, vuelen ahora, sean libres, sean felices, díganle a mi Urara que la amo y siempre la recordare, para siempre-, dije y baje la cabeza llorando de nuevo, me deje caer en el pasto, volteando hacia el cielo, viendo como las pequeñas mariposas se alejaban a lo lejos entre los rayos del sol del atardecer.

Seis años han pasado ya, mi hermana espera a mi segundo sobrino, y yo comencé una relación con una persona, trabajo, mi vida corre de nuevo bien, la felicidad vuelve a visitarme, Kaoru es una buena persona y me conquista con cada detalle que tiene conmigo, el sabe lo que me paso, y comprende que aunque haya pasado mucho tiempo es duro para mi, y temo enamorarme de nuevo, pero poco a poco como me lo dice él, juntos lograremos llegar a mucho más, de mi Urara nunca me olvido, aun la tengo presente, aun llevo el dije de mariposa que me regalo, y guardo el boleto de tren del día que nos conocimos, a veces vuelvo a la estación, a sentarme en la misma banca, a la misma hora, a mirar el mismo reloj, y abordar el mismo tren,  cada aniversario de su fallecimiento vuelvo al mismo lugar en el parque, a dejar mariposas volar entre los rayos del sol del ocaso, para dejarlas emprender el vuelo a un lugar mejor.

Jamás olvidare a Urara, ella siempre seguirá presente, siempre en mi vida, porque ella fue la primera persona que ame realmente, mi único amor, la persona a la cual verdaderamente ame, que le demostré lo que le amaba, en cada mirada, en cada caricia, en cada beso, amando eternamente a el amor de mi vida, amando para siempre a mi Urara.

FIN

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