miércoles, 8 de mayo de 2013

[Arte Japonés] Dos obras maestras de la pintura budista Fujiwara

El arte budista de Fujiwara atraía la vista y las emociones más que la mente. Lo mismo que la literatura de la época, expresa sentimientos de la delicadeza más grande en el lenguaje extraordinariamente refinado, pero raramente sondea las profundidades de la experiencia religiosa. El ejemplo supremo de esta estética emocional es la gran pieza de seda del Nirvana de Buda, del año 1086, que se conserva en el Monte Koya, una composición demasiado rica en detalle para que se pueda reproducir satisfactoriamente en color.

En su lugar el Shaka Nyoray el Jingo-ji, de Kyoto ha sido elegido, por ser igualmente típico de la época. Shakyamuni se representa aquí predicando desde un alto trono, cubierto de ropas de ricos colores a las que se ha dado mayor esplendidez usando kirikane, una trama de pan de oro cortado colocado sobre el fondo.
El dibujo es dedicado y el modelado lo sugiere una sombra apenas perceptible. Incluso las bandas de luz que emanan del halo de Shakyamuni están hechas con flores de oro, una extravagancia típica del período Fujiwara. El efecto de conjunto de este suntuoso estandarte se parece más al que produce una joya deslumbrante que una imagen religiosa.
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