Mostrando entradas con la etiqueta BELLAS ARTES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta BELLAS ARTES. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de marzo de 2014

En el año 894 Sugawara no Michizane, prominente erudito y consejero en asuntos exteriores, fue elegido para presidir otra misión cultural a la China. Rogó al trono no solamente que le excusara sino que dejará de mandar tales embajadas. El viaje, era peligroso, declaró, y China se encontraba trastornada. La caída de la dinastía T'ang era un hecho inminente, y parecía que nada iba a ganarse con más contactos. Además, el Japón, después de haber sido durante tres siglos discípulo de China, empezaba por fin a darse cuenta de su identidad cultural. Lo que necesitaba no era más civilización china, sino tiempo para digerir lo que había aprendido y la oportunidad de usarlo a su manera. En los tres siglos que siguieron, el Japón estuvo totalmente aislado del continente, y fue durante esté tiempo que surgió un verdadero arte nacional. Éste fue el Yamato-e, o literalmente, Arte del Yamato, la zona central de Honshu cerca de Kyoto y Nara, que los japoneses consideran el centro de su civilización.



     Lo mismo en el periodo Nara, la pasión japonesa por lo nuevo y de moda, inspiro a la gente a parecerse en todo lo posible a los chinos, de la misma manera, ahora, las cosas chinas, los estilos de pintura y escritura china de repente pasaron de moda. Tal como se ha leído en entradas anteriores, fueron las novelas y manuscritos escritos por las damas de la corte en su propio lenguaje, los primeros en abrir el camino a la verdadera libertad de expresión. Los poetas siguieron el ejemplo, escribieron acerca de la belleza de la tierra de Yamato, como si la vieran por primera vez, y en cierto modo así era. Los poemas conservados en el "Kokinshü," (antología de 922) alaban temas que comenzaban a considerarse como típicamente japonés: cascadas, ciruelos en flor, y el siempre popular cerezo en flor, para los japoneses símbolo conmovedor de la inestabilidad de todo lo bello





Fuente: LAS BELLAS ARTES: Arte Chino y Japonés. Editorial: GROLIER. Autores: Varios.

[Arte Japonés] El descubrimiento del Japón por los artista Japoneses

Leer más...

miércoles, 18 de diciembre de 2013


El haiku (俳句), en español frecuentemente jaiku (siguiendo la transcripción fonética directa), es una forma de poesía tradicional japonesa. Consiste en un poema breve, generalmente formado por tres versos de cinco, siete y cinco moras respectivamente. Comúnmente se sustituyen las moras por sílabas cuando se traducen o componen en otras lenguas. La poética del haiku generalmente se basa en el asombro y el arrobo que produce en el poeta la contemplación de la naturaleza.

Es común relacionar el haiku con el zen. Sin embargo, aunque el zen utilizó el haiku para la difusión de su filosofía, dista mucho de ser el origen del mismo. En el Man'yōshū (obra clásica de recopilación de poesía del siglo VIII) hay muchos poemas de 31 moras donde aparece ya la actitud característica del haiku: la Naturaleza no es excusa de los sentimientos humanos, sino objeto poético en sí mismo. O, lo que es lo mismo, el poema surge «del asombro del japonés primitivo por lo que ocurría en la Naturaleza». Se trata de una espiritualidad característicamente japonesa, anterior al zen y al propio budismo, y vinculada al sintoísmo.
La vinculación con el zen se produjo cuando en el siglo XVII Matsuo Bashō, monje budista, lanzó el haiku a la popularidad en Japón. En el siglo XX Daisetsu Teitaro Suzuki, gran maestro budista zen, enfoca el haiku como expresión poética del zen en su obra El zen y la cultura japonesa. Esto solo es válido para algunos haikus, pero a través de la obra de Reginald Horace Blyth, difusor del haiku en el mundo anglosajón, el enfoque de Suzuki se ha dado a conocer ampliamente.

El haiku forma parte de una familia de formas poéticas japonesas en las que se combinan versos de cinco y siete moras. La forma métrica característica del haiku (un tercetillo cuyos versos tienen 5, 7 y 5 moras, respectivamente) aparece ya en el siglo VIII con el nombre de katauta. Dos katauta formaban un mondoo, un diálogo entre dos personajes, en el que el primer katauta es una pregunta y el segundo la respuesta a la misma.
Desde finales del siglo VIII, la forma poética más común es el tanka: se trata de una canción corta formada por dos estrofas desiguales. La primera, llamada hokku, sigue el patrón característico del katauta (y del haiku): un tercetillo 5-7-5, mientras que la segunda está formada por dos versos de 7 moras. Dado su predominio, al tanka se le conoce también como waka: es la «canción» por antonomasia.
Los tanka aparecían a menudo encadenados en una forma superior, el renga: a un tanka inicial le sucedían varias respuestas, que podían ser obra de diversos poetas. Cuando elrenga tenía un tono humorístico, se le llamaba haikai renga (haikai quiere decir «divertido»).
El haikai renga se consideraba una forma popular, sin demasiadas pretensiones artísticas. Sin embargo, en el siglo XVII Bashō, a la vez que compone haikai renga, cultiva elhokku como una forma autónoma, dotándola de una poética nueva, influida por el budismo zen y heredera de la actitud de asombro y arrobo ante la naturaleza que aparece ya en las primeras manifestaciones de la lírica japonesa.
A estos hokku que no forman parte de una serie (renga) ni de un tanka y que tienen un elevado valor poético el poeta y crítico Shiki (1867-1902) los bautiza con el neologismohaiku, y a través de su revista literaria Hototogisu el término se populariza dentro y fuera de Japón. A partir de entonces, el haiku se consolida como una forma poética autónoma con sus propias convenciones y reglas.

Haijin
El autor de un haikai o haiku recibe el nombre de haijin. Los haijin más importantes de la historia de Japón son Matsuo Bashō, Yosa Buson, Kobayashi Issa, Usuda Arô, Masaoka Shiki, Uejima Onitsura, Ritsurin Issekiro, Arakida Moritake, Yamasaki Sokan, Ihara Saikaku (también llamado Ibara Saikaku), Taneda Santôka, Ozaki Hôsai y Yamaguchi Seishi, entre otros.
  • Bashô, monje budista del siglo XVII, populariza el haiku, le da un aire de bella melancolía (wabi-sabi) y le dota de un sustrato zen, trascendente. Uno de sus haikus más conocidos dice así:
Kono michi ya yuku hito nashi ni aki no kure
Nadie que vaya
por este camino.
Crepúsculo de otoño.
  • Onitsura también vivió en el siglo XVII y fue monje budista. Según se dice, con solo siete años de edad compuso uno de los haikus más notables:
Koi koi to iedo hotaru ga tonde yuku
«Ven, ven», le dije,
pero la luciérnaga
se fue volando.
  • Buson vivió en el siglo XVIII. Fue un pintor muy reconocido en su época y poeta de haiku. Se consideraba a sí mismo discípulo de Bashô, aunque no le conoció. Su mirada se posa en los momentos en los que aparentemente «no pasa nada», desafiando la vanidad humana. La obra de Buson, cuidada y de buen gusto, parte de lo mejor de sus antecesores, y esa distancia le proporciona una tranquilidad creativa con la que no contaron los haijin que le precedieron. Hay quien le considera en número uno por encima de Bashô. Un haiku representativo de su obra es el siguiente:
Mijika-yo ya ashi-ma nagaruru kani no awa
Noche corta de verano:
entre los juncos, fluyendo,
la espuma de los cangrejos.
  • Issa vivió entre los siglos XVIII y XIX. Fue un monje budista y tuvo una vida personal muy trágica y triste. Issa es un corazón humano que se proyecta en lo que escribe, lo que le hace muy popular en Occidente. Muchos lo comparan con Francisco de Asís por su amor hacia los animales, que se aprecia en haikus como este:
Kuchi akete oya matsu tori ya aki no ame
Abriendo los picos,
los pajaritos esperan a su madre:
la lluvia de otoño.
  • Shiki vivió en el siglo XIX. Saca el haiku del estancamiento en que había caído y toma como modelo a Buson, mejor que Bashô a su juicio. Shiki quiere retomar el camino de la belleza del haiku de Buson, depurándolo de todo misticismo o religiosidad. Es un agnóstico que consagra su vida a un modelo ideal de poesía. Sus consejos a los seguidores de su escuela fueron un alegato de libertad poética frente a las normas y la tradición.14
Nureashi de suzume no ariku rôka kana
Andando con sus patitas mojadas,
el gorrión
por la terraza de madera.
  • Santôka escribe ya en el siglo XX. Es el heredero de una larga tradición poética y espiritual. Transforma sus vivencias más duras en oportunidades de crecimiento personal, de liberación.
Akikaze no ishi o hirou.
Con viento de otoño
recojo una piedra.


Mujeres haijines

A principios del siglo XVIII varias poetisas aprendieron haiku de Bashoo o sus discípulos, entre las que destacan algunos nombres como Den Sute-jo, Sonome, Shushiki, Sono-jo, Shoofuu-ni, Chigetsu, Sute-jo, Sono-jo,y sobre todo Chiyo ni (千代尼).

  • Chiyo-Ni (1701-1775), religiosa budista. Se casó muy joven y quedó viuda a temprana edad. Quizás la más conocida, tuvo dos maestros discípulos de Bashoo, Shikoo y Rogemboo. «Sus versos están llenos de subjetividad y han sido muy controvertidos en el sentido de que se conformen o no al patrón del haiku». No obstante posee haikus clásicos que se adaptan al canon exigido.
Koborete wa kaze hiroi-yuku chidori kana
De la bandada de los mil pajaros,
uno va perdiendo fuerzas
y el viento lo recoge.
Este haiku según D. T. Suzuki es un ejemplo de cómo la meditación ayudó a Chiyo a abrir su inconsciente, y por primera vez Chiyo sintió el haiku como una expresión de un sentimiento interior, pero desprovisto del sentido del ego.
Hototogisu hototogisu tote akenikeri
Diciendo «cuco» «cuco»
durante toda la noche
¡al fin la aurora!
Este es uno de sus haikus más famosos, nacido del sentimiento de pérdida por la muerte de su hijo pequeño
Tombo tsuri kyoo wa doko made itta yara
El cazador de libélulas,
¿hasta qué región
se me habrá ido hoy?
Escribió su haiku Jisei poco antes de morir:
el agua se cristaliza
las luciérnagas se apagan
nada existe
  • Nakamura Teijo (Siglo XX) Fundó la revista Kazahama. Es la poeta tradicionalista, respetuosa del kigo y “saijikis”.
La flor de loto
Sus hojas y las marchitas
Flotando en el agua
  • Hoshino Tatsuko (Siglo XX) Fundó una revista de haiku exclusiva para mujeres y colaboró en la prestigiosa Hototogisu.
Blancos los rostros
Que observan
El arco iris.
  • Kakimoto Tae (Siglo XX) Hija de sacerdote budista.
Un ruido
Cavan una fosa
Detrás de las camelias
  • Suzuki Masajo (Siglo XX) Una mujer que regentó un bar en Ginza, forzada a casarse con el marido viudo de su hermana, adúltera confesa, que se negó a que el haiku no pudiese hablar de amor o de sexo, estignatizada en los ambientes más puristas del haiku. Cuando Masajo escribe haikus más tradicionales logra muchas veces una gran belleza:
Onna hitori mezamete nozoku hotaru kago
Una mujer sola.
Se despierta y mira
la caja de las luciérnagas
  • Kamegaya Chie (Siglo XX) Emigrante en Canadá, perteneciente a esa parte de la cultura nipona que existe fuera y al margen de su sociedad, con su haiku fuertemente contagiado de la modernidad poética occidental y su expresivo patetismo, cuya obra es desconocida en su propio país.
Oi ware no shinkei nibuku gan to shiru
Tan vieja estoy…
Ni me inmuté al saber
que tengo cáncer
  • Nisiguchi Sachiko (Siglo XX) Una anciana que aún vive y que ha pasado toda su vida en una aldea de cuarenta casas en el corazón de Shikoku, cultivando su huerto, cultivando su haiku seco y difícil, Japón en estado puro: ausencia total de pretensión, "una de tantas malas hierbas del haiku en Japón", según sus propias palabras.
Hitosuji no tsurô nokoshite bancha hosu
Entre las hojas de té
puestas a secar,
sólo un sendero.



[Arte Japonés] Poesía Haiku

Leer más...

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Treinta minutos bajo una ducha, cayendo las lagrimas
al compás de las gotas que deja caer la regadera
una a una se van contando, y chocando contra el suelo,
dando pequeños splash
unas contra tu cuerpo, cayendo como lluvia incesante...

tu cayendo al piso, llorando, dándote un abrazo a ti mismo
agachándote poniéndote en posición fetal
pidiendo al cielo que no te vuelvas loco
pidiendo que no mueras

una a una van cayendo contra la espalda
entrando una desesperación sujetando tu cabeza
volviéndote loco a cada minuto
dejándote dominar por la locura

¿Luego? Luego sujetas fuertes las piernas
y comienzas a clavar las uñas en la piel
llevándola como si no fuera parte de tu cuerpo
queriendo acabar con ellas

Después... te abrazas de nuevo
tarareando una canción...
comienzas a balancearte hacia atrás y hacía adelante
como un balancín
mirando hacía la nada...

Terminas dándote cuenta
que tuviste un ataque de locura...
¿la razón?
ninguna, ni siquiera tu la sabes

pero terminas dando otra puñalada a tu vida
una más unida a las que ya tienes en la espalda...



Treinta minutos de locura

Leer más...

martes, 13 de agosto de 2013

Serie 01|02|03|04|05|06|07|08|09|10|11|12|13|14|15

Autor: Goya y Lucientes, Francisco de
Título: Aquelarre, o Asmodea
Fecha: 1820 - 1823
Técnica: Óleo
Soporte: Pintura mural trasladada a lienzo
Medidas: Alto: 127 cm.; Ancho: 263 cm.



Es este uno de los cuadros más enigmáticos del genial aragonés. El inventario de Antonio Brugada, que catalogó los bienes de Goya después de 1828, lo tituló Asmodea, por lo que desde esa temprana fecha se ha buscado interpretarlo a partir de la figura de Aschmedai o Asmodeo. Es este un demonio que procede de Aesma Daeva, genio de la ira en la cultura persa. Aparece desarrollado en la Literatura hebrea, en el Libro de Tobías del Antiguo Testamento y el Talmud. Según cuenta la leyenda, Asmodeo está prendado de Sara, hija de Raquel, a la que impide consumar su matrimonio, matando cada noche de bodas a uno de sus siete maridos. Cuando Sara se promete al joven Tobías, el nuevo pretendiente recibe la ayuda del arcángel Rafael, que le libra de Asmodeo quemando las vísceras de un pescado. Asmodeo simboliza con ello la destrucción causada por la lujuria.

Existe un boceto preparatorio de este cuadro, o una copia posterior, en tamaño reducido (20 x 48,cm), en el que la figura femenina, de manto rojo, es más claramente arrastrada por el aire por el que señala a la roca. De ese modo es probable que el demonio Asmodeo fuera la figura oscura, y que el título Asmodea sea consecuencia de una errónea identificación de las figuras. En todo caso, la crítica española ha incidido en tomar a estos dos personajes suspendidos en el aire como brujas simplemente.

Asmodeo es la figura mítica que inspiraría El diablo Cojuelo (1641), de Luis Vélez de Guevara, una obra satírica en la que el Cojuelo lleva por el aire a don Cleofás y desde allí son capaces de introducirse en la intimidad de las personas y contemplar sus vicios. Según esta clave, Goya hace aparecer la versión femenina de Asmodeo o el Cojuelo, con manto rojo, color asociado al diablo, y transportaría en su vuelo a don Cleofás. Sin embargo esta interpretación no explica la escena de guerra que vemos en tierra.

Enrique Lafuente Ferrari intenta conjugar los dos temas y señala que Asmodeo, símbolo de la ira, representa la inminente destrucción asociada a la Guerra de la Independencia Española o a la Invasión del Duque de Angulema, la restauración de Fernando VII y las discordias civiles surgidas tras el Pronunciamiento de Rafael Riego. El genio de la destrucción señala, sobre la erguida roca, un pueblecito típico español con iglesia y plaza de toros, sobre el que se cierne la catástrofe.

Valeriano Bozal señala que en una versión del mismo tema de Rembrandt, que aparece en el cuadro El ángel alejándose de la familia de Tobías, el tratamiento iconográfico es muy distinto, lo que hace dudar del auténtico tema de la obra. Realmente no hay ninguna indicación sobre quiénes sean las dos figuras, aunque, de ser uno Asmodeo, sería el que señala hacia la gran roca. Podría incluso ser Asmodeo llevándose a la propia Sara, pues la figura del manto encarnado está desprovista de la caracterización de un ángel.

Una posibilidad distinta aparece a partir del título que el Museo del Prado da a la obra: Visión fantástica. Según ella el cuadro solo muestra dos brujas en vuelo, como sucede en Vuelo de brujos (1798). La interpretación sería enigmática como en muchos de los Caprichos o los Disparates del autor. Una escena de guerra realista se conjuga con una onírica o fantástica, con un paisaje lejano que recuerda el cuadro Ataque a una fortaleza sobre una roca.

Otras variadas interpretaciones han sido propuestas, entre las que cabe mencionar la de Diego Angulo Iñiguez, que postula una relación con el mito de Ícaro. John Moffit ha relacionado la obra con el mito de Prometeo, y describe “Aquí vemos a la diosa Minerva transportando a Prometeo hacia un gran peñasco, el monte Cáucaso, mientras un par de soldados modernos y vestidos a la francesa la apuntan con sus fusiles”.

En cuanto a la técnica, la parte superior del cuadro está pintada con una aplicación muy ligera de pintura en la zona de arriba y más pastosa y con toques de luz en su parte baja. La paleta, como es habitual en las Pinturas negras, se restringe a negros, tierras, ocres y rojos, con algunos matices de gris azulado para subrayar el efecto de lejanía con la perspectiva aérea en la mole rocosa del fondo del desolado paisaje.



fuente: museodelprado wikipedia

[Serie] Las Pinturas Negras de Goya: Visión Fántastica, Aquelarre, A1stica o Asmodea (15/15)

Leer más...

Serie 01|02|03|04|05|06|07|08|09|10|11|12|13|14|15

Auto: Goya y Lucientes, Francisco de
Título: Dos mujeres y un hombre
Fecha: 1820 - 1823
Técnica: Óleo
Soporte: Pintura mural trasladada a lienzo
Medidas: Alto: 125 cm.; Ancho: 66 cm.



Aunque no está claro si los tres personajes que aparecen en el cuadro son hombres o mujeres, la crítica suele interpretar que aparecen dos mujeres (figura central y de la izquierda) mirando a un hombre de expresión bobalicona. Si bien se suele titular el cuadro como Mujeres riendo o bien Dos mujeres (o dos jóvenes) riéndose de un hombre, solo la del centro ríe; mientras que la de la izquierda, a la que no vemos completa, pues desbordaría su volumen los márgenes del cuadro, permanece seria y en un plano más discreto.

Habitualmente se interpreta que el que parece un hombre está masturbándose y podría incluso suponerse que es un loco o retrasado mental, al que contemplan curiosas y burlescas las mujeres. No se define tampoco ni la condición social de los personajes ni el marco que les rodea. Pudieran ser prostitutas (pues Goya las suele pintar por parejas), pero lo único que se puede decir es que visten ropas propias de las capas sociales más humildes.

El cuadro formaba pareja en la pared del fondo de la planta alta de la Quinta del Sordo con Hombres leyendo, y los dos guardan semejanzas en cuanto a color, técnica e iluminación. Sumidos en un fondo oscuro, casi negro, destaca la blusa blanca de los personajes más protagonistas, en el caso que nos ocupa el del hombre con la boca abierta, expresión de bobo y ojos cerrados. Los dos cuadros, de formato vertical, contrastan con el resto de las pinturas de la planta alta, pues en general adoptan cielos azules y abiertos, fondos de nubes, paisajes e incluso, en el caso de Asmodea, un paisaje boscoso. En este sentido el estilo de esta obra guarda mayores semejanzas con el conjunto de la planta calle.





Fuente: wikipedia + museodelprado

[Serie] Las Pinturas Negras de Goya: Dos mujeres y un hombre (14/15)

Leer más...

Serie 01|02|03|04|05|06|07|08|09|10|11|12|13|14|15

Autor: Goya y Lucientes, Francisco de
Título: Peregrinación a la Fuente de San Isidro, o El Santo Oficio
Fecha: 1820 - 1823
TécnicaÓleo
Soporte: Pintura mural trasladada a lienzo
Medidas: Alto: 127 cm.; Ancho: 266 cm.


Peregrinación a la fuente de San Isidro o El Santo Oficio es una de las Pinturas negras que formaron parte de la decoración de los muros de la casa —llamada la Quinta del Sordo— que Francisco de Goya adquirió en 1819. Esta obra ocupaba probablemente la pared derecha según se entraba de la planta alta, junto con Visión fantástica o Asmodea, separado de este por la ventana central.

El cuadro, junto con el resto de las Pinturas negras, fue trasladado de revoco a lienzo, a partir de 1874, por Salvador Martínez Cubells, por encargo del barón Émile d’Erlanger, un banquero francés, de origen alemán, que tenía intención de venderlos en la Exposición Universal de París de 1878. Sin embargo, las obras no atrajeron compradores y él mismo las donó, en 1881, al Museo del Prado, donde actualmente se exponen.

No está claro qué se representa exactamente en este cuadro. La catalogación de Antonio Brugada de 1828 lo tituló El Santo Oficio, basándose en el personaje situado en la esquina inferior derecha, que aparece vestido con el hábito del Tribunal de la Inquisición, aunque en ninguno de los demás personajes aparece relación con dicha institución. Una serie de personajes grotescos, que podrían ser monjas y brujas, van en procesión hacia un lugar no determinado.

La composición refleja un notable desequilibrio, pues todos los personajes se agolpan en la zona inferior derecha del cuadro, apiñados en un triángulo que limita con el ángulo suroriental de esta obra. Un paisaje irreal y agreste con más figuras en segundo plano, se extiende en la lejanía hacia la izquierda. Los hábitos de la mirada clásica son totalmente transgredidos.

Como en todas las Pinturas negras, la gama cromática se reduce a ocres, tierras, grises y negros. El cuadro es un exponente de las características que el siglo XX ha considerado como precursoras del expresionismo pictórico.




Fuente: wikipedia + museodelprado

[Serie] Las Pinturas Negras de Goya: Peregrinación a la Fuente de San Isidro o El Santo Oficio (13/15)

Leer más...

Serie 01|02|03|04|05|06|07|08|09|10|11|12|13|14|15

Autor: Goya y Lucientes, Francisco de
Título: Una manola: Leocadia Zorrilla
Fecha: 1820 - 1823
Técnica: Óleo
Soporte: Pintura mural trasladada a lienzo
Medidas: Alto: 145,7 cm.; Ancho: 129,4 cm.


Una mujer madura o «manola» vestida de luto apoya su codo en un montículo de tierra sobre el que se ve una verja que habitualmente se colocaba en las tumbas.

Toda la crítica, desde la catalogación de las Pinturas negras que hiciera Antonio Brugada en 1828, coincide en que la mujer representada es Leocadia Zorrilla y Galarza, o Leocadia Weiss (pues estaba casada con Isidoro Weiss), hermana política de Juana Galarza y amante de Francisco de Goya, con quien vivía en la Quinta del Sordo junto a dos de sus dos hijos: Guillermo y Rosario.

La expresión del rostro es triste o nostálgica y se piensa que la tumba podría aludir al reposo definitivo de Goya, con Leocadia viuda del pintor, como premonición de la muerte o bien recordando la grave dolencia que a punto estuvo de acabar con la vida del aragonés en 1819 y que refleja el cuadro de 1820 Goya curado por el doctor Arrieta.

La obra está iluminada por una luz amarilla en la cara, el brazo y el pecho de Leocadia, y esta tonalidad hace contraste con el negro del velo que cubre su rostro y la parte superior del vestido. La silueta de esta mujer está contorneada por una gruesa línea negra. Como señala Valeriano Bozal, «El paisaje claro del fondo contrasta con la escena clara del primer término, con un azul y nubes entre los más bellos que Goya pintara, no es el ambiente lo oscuro, lo es la escena». El fondo del cuadro lo ocupa un cielo azul, blanco y ocre amarillento de luz de mediodía, lo cual abre el colorido a una gama menos tétrica que preludia su Lechera de Burdeos (h. 1825-1827).

Como en todas las Pinturas negras, la gama cromática se reduce mucho, pero en esta pintura en especial a los azules, negros y ocres. Esta paleta subraya el tema de la muerte y denota la viudez y el luto. El cuadro es un exponente de las características que el siglo XX ha considerado como precursoras del expresionismo pictórico.




Fuente: museodelprado + wikipedia

[Serie] Las Pinturas Negras de Goya: Una manola: Leocadia Zorrilla (12/15)

Leer más...

Serie 01|02|03|04|05|06|07|08|09|10|11|12|13|14|15

Autor: Goya y Lucientes, Francisco de
Título: Saturno devorando a un hijo
Fecha: 1820 - 1823
Técnica: Óleo
Soporte: Pintura mural trasladada a lienzo
Medidas: Alto: 143,5 cm.; Ancho: 81,4 cm.


El tema de Saturno está relacionado, según Freud, con la melancolía y la destrucción, y estos rasgos están presentes en las Pinturas negras. Con expresión terrible, Goya nos sitúa ante el horror caníbal de las fauces abiertas, los ojos en blanco, el gigante avejentado y la masa informe del cuerpo sanguinolento del supuesto hijo.

El cuadro no solo alude al dios Chronos, que inmutable gobierna el curso del tiempo, sino que también era el rector del séptimo cielo y patrón de los septuagenarios, como lo era ya Goya.

El acto de comerse a su hijo se ha visto, desde el punto de vista del psicoanálisis, como una figuración de la impotencia sexual, sobre todo si lo ponemos en relación con otra pintura mural que decoraba la estancia, Judit matando a Holofernes, tema bíblico en el que la bella viuda judía Judit invita a un banquete libidinoso al viejo rey asirio Holofernes, entonces en guerra contra Israel y, tras emborracharlo, lo decapita.

El hijo devorado, con un cuerpo ya adulto, ocupa el centro de la composición. Al igual que en la pintura de Judit y Holofernes, uno de los temas centrales es el del cuerpo humano mutilado. No solo lo está el cuerpo atroz del niño, sino también, mediante el encuadre escogido y la iluminación de claroscuro extraordinariamente contrastada, las piernas del dios, sumidas a partir de la rodilla en la negrura, en un vacío inmaterial.

Emplea una gama de blancos y negros, aplicada en manchas de color gruesas, solo rota por el ocre de las carnaciones y la llama fúlgida en blanco y rojo de la carne viva del hijo. Francisco Javier Sánchez Cantón lo comparó al que pintó Rubens en 1636 para la Torre de la Parada del Palacio del Pardo de Madrid (Saturno devorando a su hijo). En su estudio señala cómo la violencia del de Goya es muy superior, despojado de su pretexto mitológico, prefigurando con ello el expresionismo.





Fuente: wikipedia + museodelprado

[Serie] Las Pinturas Negras de Goya: Saturno devorando a un hijo (11/15)

Leer más...

lunes, 12 de agosto de 2013

Serie 01|02|03|04|05|06|07|08|09|10|11|12|13|14|15


Autor: Goya y Lucientes, Francisco de
Título: Perro semihundido
Fecha: 1820 - 1823
Técnica: Óleo
Soporte: Pintura mural trasladada a lienzo
MedidasAlto: 131 cm.; Ancho: 79 cm.



Se han propuesto variadas interpretaciones, desde la insignificancia del ser vivo ante el espacio que le rodea, hasta que estemos ante una obra inacabada, pasando por una posible pérdida de elementos presentes en el cuadro antes de su traslado a lienzo.

La obra, tal y como se presenta en nuestros días, supondría una ruptura de las convenciones de representación pictórica, donde habría desaparecido desde la ilusión de perspectiva hasta el paisaje mismo. Así, el perro de Goya sería una muestra de extrema libertad del tema en la pintura. Un simple espacio de color, con el elemento mínimo de una cabeza de poco tamaño, definida con vigorosos trazos en negros, blancos y grises en relación con los planos ocres, de textura orgánica, de un cuadro que insiste en su verticalidad, mediante la dirección de la mirada del can y el amplio plano vacío sobre el perro. El cuadro, de este modo, prefiguraría la abstracción y el surrealismo en pintura, como ya lo había hecho Goya con respecto a otras corrientes pictóricas de las vanguardias, como el impresionismo, o el expresionismo.

Fue admirado por su coterráneo Antonio Saura, que lo calificó como «el cuadro más bello del mundo». Rafael Canogar mostró su devoción por el que llamó «poema visual» y lo califica de primera obra pictórica simbolista de Occidente. También el escultor Pablo Serrano le rindió homenaje en su serie Entretenimientos en el Prado. Lo compara con la obra de Antoni Tàpies y las atmósferas de Francis Bacon.


Fuente: es.wikipedia + museodelprado



[Serie] Las Pinturas Negras de Goya: El Perro Semihundido (10/15)

Leer más...

Serie 01|02|03|04|05|06|07|08|09|10|11|12|13|14|15

Autor: Goya y Lucientes, Francisco de
Título: Peregrinación a la Fuente de San Isidro, o El Santo Oficio
Fecha: 1820 - 1823
Técnica: Óleo
Soporte: Pintura mural trasladada a lienzo
Medidas: Alto: 127 cm.; Ancho: 266 cm.



La pintura a analizar será La romería de San Isidro, que era una de las siete pinturas que decoraban el comedor de la planta baja de la Quinta. Es una visión terrorífica de esta festiva celebración popular y produce la sensación de ser como una pesadilla. De manera que lo temible de la escena es la visión de la realidad, pero como algo incontrolado y, por tanto, estupefaciente.

Recuerda la fiesta del Santo Patrono de Madrid y del barrio donde se encontraba la casa. Hace referencias directas a la vida rural. Hay otros historiadores, como Santiago Sebastián, que opinan que el tema de este cuadro no ha de relacionarse con el patrono de Madrid, sino con las Saturnalias de Roma, que se celebraban en los fines de años teniendo como objeto conmemorar el feliz reinado de Saturno, dios que llevo a Italia el conocimiento de la siembra y la agricultura y que su reinado correspondió a la Edad de Oro romana. En estas fiestas mas o menos licenciosas se subvertían las clases sociales pues incluso los esclavos mandaban a sus señores como nos cuenta Ovidio en sus Fastos. Tales Saturnalias se vieron incluso como precedente de los carnavales, pues en estas fiestas licenciosas los ejércitos del imperio tomaban durante un mes como jefe supremo al soldado más bello de la tropa para al final de su grotesco mandato sacrificarlo en el templo de Saturno. Realmente no hay mucha relación con ese tema, sino más con la celebración de este día festivo y lúdico en Madrid.

Los romeros aparecen como gentes grotescas, pues mas que caras, observamos mascaras, dando la impresión de presentarnos un pueblo bullicioso e ignorante de su forma de vida sumida en la opresión. Y es que para Goya, la máscara no sirve para enmascarar o disfrazar, sino para desenmascarar y revelar el verdadero carácter del hombre. Así se encuentra el significado de las pinturas de la planta baja; se presenta al pueblo ridiculizado, sumido en una fiesta esperpéntica, dentro de una alegría falsa y ignorante de lo que ocurre a su alrededor. En consecuencia, estas imágenes, por muy fantasiosas que sean si que tienen una relación directa con la realidad que le rodea, como ya habíamos comentado.

Hay que comentar que este cuadro tiene el mismo tema que un cuadro anteriormente pintado por Goya, La pradera de San Isidro, pero tiene un diferente planteamiento motivado por una cambio de conciencia estético y social en este artista. Este cuadro es, por tanto, una manifiesta critica a la perdida de valores sociales que se somete al dirigismo del absolutismo regio.

Sabido es que en el S XVIII se hereda el concepto del vulgo como necio e ignorante. Los ilustrados entendieron que este cambio social, tan solo se podía operar mediante la instrucción, la cual, esta muy perseguida por el poder. En consecuencia, son las clases dirigentes las que desean y consiguen mantener al pueblo embrutecido, masificado y sin personalidad de grupo, a la manera que Goya lo presenta en esta imagen. Lo tenebroso del paisaje y de las luces acentúa la sensación negativa producida por los seres humanos que, como en otras obras de su periodo, se representan apilados mas que agrupados, como masas y no como armonioso conjunto de personas.

Tradicionalmente se creía que estas pinturas eran “al fresco”, hasta que ciertos historiadores aclararon que eran en realidad murales hechos al óleo sobre los enlucidos de la pared, procedimiento denominado por contraposición “al secco” y por lo tanto su arranque era de enorme dificultad. Para ello hubo que destruir los muros, lo que entraño echar la casa abajo, ya que el procedimiento “al secco”, que Goya bien pudo aprender de Pacheco, del Vassari, Pozzo e incluso de Palomino, obliga para efectuar el despegue de las pinturas a un doble trasplante, pero con el simultaneo arranque del muro cuyos restos han de ser eliminados del dorso de la capa pictórica, que una vez limpia es adherida al soporte definitivo. Esta operación fue llevada a cabo por el ya nombrado Barón d'Erlanger y le costo unos 8500 duros de los de antes, una cifra nada despreciable.





fuente: rincondelvago + museodelprado

[Serie] Las Pinturas Negras de Goya: La Romería de San Isidro (9/15)

Leer más...

Serie 01|02|03|04|05|06|07|08|09|10|11|12|13|14|15



Autor: Goya y Lucientes, Francisco de
Título: Judit y Holofernes
Fecha: 1820 - 1823
Técnica: Óleo
Soporte: Pintura mural trasladada a lienzo
Medidas: 
Alto: 146 cm.; Ancho: 84 cm.

Esta es la historia que narra la pintura que frente a La Leocadia y junto aSaturno se situaba en el comedor de la planta baja de la Quinta de Goya en el Manzanares. Pero aquí Judit, más que la heroína judía viuda de Manasés, ante cuyos encantos cae rendido el general asirio sitiador de Betulia, es la amante que asesta el golpe mortal a su amado cuando este ha sucumbido a sus encantos. Y la sierva que aparece en primer plano, más bien parece la celestina que guía a la mujer y provoca la perdición del hombre.


Goya presta más atención a la acción del personaje que a los aspectos narrativos. Judit no va enjoyada y engalanada como en la narración bíblica, sino que es una joven voluptuosa, con un pecho prominente que se deja adivinar a través de su escote, y cuya presencia es capaz de anular a un hombre. No es la alegoría de la templanza que vence a la lujuria, o la de la humildad que vence a la soberbia, simbología que se le había venido asignando, sino que aquí, en consonancia con la imagen que se repite continuamente en la obra del pintor, la mujer se muestra cautivadora y engañosa, lujuriosa y soberbia, capaz de atrapar al hombre en sus redes y anular su voluntad.

La capacidad expresiva con que se resuelve la composición, acentuada por el juego de luces y los colores oscuros aplicados en una técnica muy suelta, acentúa aún más la imagen de Judit como mujer tentadora, que incita al pecado y a la muerte.

El emparejamiento de temas bíblicos y mitológicos fue una práctica habitual en los ciclos pictóricos desde el Renacimiento, donde la unión Judit-Saturno ya había sido plasmada por varios pintores. En las fuentes literarias, el coraje y fortaleza de la heroína judía se contraponían al poder irracional del dios, pero es posible que Goya, en su vejez, estuviese angustiado por el paso del tiempo y viese en la mujer una nota de frescura capaz de aportarle la energía que ya le faltaba.

Fuente: cervantes

[Serie] Las Pinturas Negras de Goya: Judit y Holofernes (8/15)

Leer más...

Copyright © 2014 Black Moral Яesistance | Designed With By Blogger Templates | Distributed By Gooyaabi Templates
Scroll To Top