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lunes, 24 de marzo de 2014

En el año 894 Sugawara no Michizane, prominente erudito y consejero en asuntos exteriores, fue elegido para presidir otra misión cultural a la China. Rogó al trono no solamente que le excusara sino que dejará de mandar tales embajadas. El viaje, era peligroso, declaró, y China se encontraba trastornada. La caída de la dinastía T'ang era un hecho inminente, y parecía que nada iba a ganarse con más contactos. Además, el Japón, después de haber sido durante tres siglos discípulo de China, empezaba por fin a darse cuenta de su identidad cultural. Lo que necesitaba no era más civilización china, sino tiempo para digerir lo que había aprendido y la oportunidad de usarlo a su manera. En los tres siglos que siguieron, el Japón estuvo totalmente aislado del continente, y fue durante esté tiempo que surgió un verdadero arte nacional. Éste fue el Yamato-e, o literalmente, Arte del Yamato, la zona central de Honshu cerca de Kyoto y Nara, que los japoneses consideran el centro de su civilización.



     Lo mismo en el periodo Nara, la pasión japonesa por lo nuevo y de moda, inspiro a la gente a parecerse en todo lo posible a los chinos, de la misma manera, ahora, las cosas chinas, los estilos de pintura y escritura china de repente pasaron de moda. Tal como se ha leído en entradas anteriores, fueron las novelas y manuscritos escritos por las damas de la corte en su propio lenguaje, los primeros en abrir el camino a la verdadera libertad de expresión. Los poetas siguieron el ejemplo, escribieron acerca de la belleza de la tierra de Yamato, como si la vieran por primera vez, y en cierto modo así era. Los poemas conservados en el "Kokinshü," (antología de 922) alaban temas que comenzaban a considerarse como típicamente japonés: cascadas, ciruelos en flor, y el siempre popular cerezo en flor, para los japoneses símbolo conmovedor de la inestabilidad de todo lo bello





Fuente: LAS BELLAS ARTES: Arte Chino y Japonés. Editorial: GROLIER. Autores: Varios.

[Arte Japonés] El descubrimiento del Japón por los artista Japoneses

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miércoles, 18 de diciembre de 2013


El haiku (俳句), en español frecuentemente jaiku (siguiendo la transcripción fonética directa), es una forma de poesía tradicional japonesa. Consiste en un poema breve, generalmente formado por tres versos de cinco, siete y cinco moras respectivamente. Comúnmente se sustituyen las moras por sílabas cuando se traducen o componen en otras lenguas. La poética del haiku generalmente se basa en el asombro y el arrobo que produce en el poeta la contemplación de la naturaleza.

Es común relacionar el haiku con el zen. Sin embargo, aunque el zen utilizó el haiku para la difusión de su filosofía, dista mucho de ser el origen del mismo. En el Man'yōshū (obra clásica de recopilación de poesía del siglo VIII) hay muchos poemas de 31 moras donde aparece ya la actitud característica del haiku: la Naturaleza no es excusa de los sentimientos humanos, sino objeto poético en sí mismo. O, lo que es lo mismo, el poema surge «del asombro del japonés primitivo por lo que ocurría en la Naturaleza». Se trata de una espiritualidad característicamente japonesa, anterior al zen y al propio budismo, y vinculada al sintoísmo.
La vinculación con el zen se produjo cuando en el siglo XVII Matsuo Bashō, monje budista, lanzó el haiku a la popularidad en Japón. En el siglo XX Daisetsu Teitaro Suzuki, gran maestro budista zen, enfoca el haiku como expresión poética del zen en su obra El zen y la cultura japonesa. Esto solo es válido para algunos haikus, pero a través de la obra de Reginald Horace Blyth, difusor del haiku en el mundo anglosajón, el enfoque de Suzuki se ha dado a conocer ampliamente.

El haiku forma parte de una familia de formas poéticas japonesas en las que se combinan versos de cinco y siete moras. La forma métrica característica del haiku (un tercetillo cuyos versos tienen 5, 7 y 5 moras, respectivamente) aparece ya en el siglo VIII con el nombre de katauta. Dos katauta formaban un mondoo, un diálogo entre dos personajes, en el que el primer katauta es una pregunta y el segundo la respuesta a la misma.
Desde finales del siglo VIII, la forma poética más común es el tanka: se trata de una canción corta formada por dos estrofas desiguales. La primera, llamada hokku, sigue el patrón característico del katauta (y del haiku): un tercetillo 5-7-5, mientras que la segunda está formada por dos versos de 7 moras. Dado su predominio, al tanka se le conoce también como waka: es la «canción» por antonomasia.
Los tanka aparecían a menudo encadenados en una forma superior, el renga: a un tanka inicial le sucedían varias respuestas, que podían ser obra de diversos poetas. Cuando elrenga tenía un tono humorístico, se le llamaba haikai renga (haikai quiere decir «divertido»).
El haikai renga se consideraba una forma popular, sin demasiadas pretensiones artísticas. Sin embargo, en el siglo XVII Bashō, a la vez que compone haikai renga, cultiva elhokku como una forma autónoma, dotándola de una poética nueva, influida por el budismo zen y heredera de la actitud de asombro y arrobo ante la naturaleza que aparece ya en las primeras manifestaciones de la lírica japonesa.
A estos hokku que no forman parte de una serie (renga) ni de un tanka y que tienen un elevado valor poético el poeta y crítico Shiki (1867-1902) los bautiza con el neologismohaiku, y a través de su revista literaria Hototogisu el término se populariza dentro y fuera de Japón. A partir de entonces, el haiku se consolida como una forma poética autónoma con sus propias convenciones y reglas.

Haijin
El autor de un haikai o haiku recibe el nombre de haijin. Los haijin más importantes de la historia de Japón son Matsuo Bashō, Yosa Buson, Kobayashi Issa, Usuda Arô, Masaoka Shiki, Uejima Onitsura, Ritsurin Issekiro, Arakida Moritake, Yamasaki Sokan, Ihara Saikaku (también llamado Ibara Saikaku), Taneda Santôka, Ozaki Hôsai y Yamaguchi Seishi, entre otros.
  • Bashô, monje budista del siglo XVII, populariza el haiku, le da un aire de bella melancolía (wabi-sabi) y le dota de un sustrato zen, trascendente. Uno de sus haikus más conocidos dice así:
Kono michi ya yuku hito nashi ni aki no kure
Nadie que vaya
por este camino.
Crepúsculo de otoño.
  • Onitsura también vivió en el siglo XVII y fue monje budista. Según se dice, con solo siete años de edad compuso uno de los haikus más notables:
Koi koi to iedo hotaru ga tonde yuku
«Ven, ven», le dije,
pero la luciérnaga
se fue volando.
  • Buson vivió en el siglo XVIII. Fue un pintor muy reconocido en su época y poeta de haiku. Se consideraba a sí mismo discípulo de Bashô, aunque no le conoció. Su mirada se posa en los momentos en los que aparentemente «no pasa nada», desafiando la vanidad humana. La obra de Buson, cuidada y de buen gusto, parte de lo mejor de sus antecesores, y esa distancia le proporciona una tranquilidad creativa con la que no contaron los haijin que le precedieron. Hay quien le considera en número uno por encima de Bashô. Un haiku representativo de su obra es el siguiente:
Mijika-yo ya ashi-ma nagaruru kani no awa
Noche corta de verano:
entre los juncos, fluyendo,
la espuma de los cangrejos.
  • Issa vivió entre los siglos XVIII y XIX. Fue un monje budista y tuvo una vida personal muy trágica y triste. Issa es un corazón humano que se proyecta en lo que escribe, lo que le hace muy popular en Occidente. Muchos lo comparan con Francisco de Asís por su amor hacia los animales, que se aprecia en haikus como este:
Kuchi akete oya matsu tori ya aki no ame
Abriendo los picos,
los pajaritos esperan a su madre:
la lluvia de otoño.
  • Shiki vivió en el siglo XIX. Saca el haiku del estancamiento en que había caído y toma como modelo a Buson, mejor que Bashô a su juicio. Shiki quiere retomar el camino de la belleza del haiku de Buson, depurándolo de todo misticismo o religiosidad. Es un agnóstico que consagra su vida a un modelo ideal de poesía. Sus consejos a los seguidores de su escuela fueron un alegato de libertad poética frente a las normas y la tradición.14
Nureashi de suzume no ariku rôka kana
Andando con sus patitas mojadas,
el gorrión
por la terraza de madera.
  • Santôka escribe ya en el siglo XX. Es el heredero de una larga tradición poética y espiritual. Transforma sus vivencias más duras en oportunidades de crecimiento personal, de liberación.
Akikaze no ishi o hirou.
Con viento de otoño
recojo una piedra.


Mujeres haijines

A principios del siglo XVIII varias poetisas aprendieron haiku de Bashoo o sus discípulos, entre las que destacan algunos nombres como Den Sute-jo, Sonome, Shushiki, Sono-jo, Shoofuu-ni, Chigetsu, Sute-jo, Sono-jo,y sobre todo Chiyo ni (千代尼).

  • Chiyo-Ni (1701-1775), religiosa budista. Se casó muy joven y quedó viuda a temprana edad. Quizás la más conocida, tuvo dos maestros discípulos de Bashoo, Shikoo y Rogemboo. «Sus versos están llenos de subjetividad y han sido muy controvertidos en el sentido de que se conformen o no al patrón del haiku». No obstante posee haikus clásicos que se adaptan al canon exigido.
Koborete wa kaze hiroi-yuku chidori kana
De la bandada de los mil pajaros,
uno va perdiendo fuerzas
y el viento lo recoge.
Este haiku según D. T. Suzuki es un ejemplo de cómo la meditación ayudó a Chiyo a abrir su inconsciente, y por primera vez Chiyo sintió el haiku como una expresión de un sentimiento interior, pero desprovisto del sentido del ego.
Hototogisu hototogisu tote akenikeri
Diciendo «cuco» «cuco»
durante toda la noche
¡al fin la aurora!
Este es uno de sus haikus más famosos, nacido del sentimiento de pérdida por la muerte de su hijo pequeño
Tombo tsuri kyoo wa doko made itta yara
El cazador de libélulas,
¿hasta qué región
se me habrá ido hoy?
Escribió su haiku Jisei poco antes de morir:
el agua se cristaliza
las luciérnagas se apagan
nada existe
  • Nakamura Teijo (Siglo XX) Fundó la revista Kazahama. Es la poeta tradicionalista, respetuosa del kigo y “saijikis”.
La flor de loto
Sus hojas y las marchitas
Flotando en el agua
  • Hoshino Tatsuko (Siglo XX) Fundó una revista de haiku exclusiva para mujeres y colaboró en la prestigiosa Hototogisu.
Blancos los rostros
Que observan
El arco iris.
  • Kakimoto Tae (Siglo XX) Hija de sacerdote budista.
Un ruido
Cavan una fosa
Detrás de las camelias
  • Suzuki Masajo (Siglo XX) Una mujer que regentó un bar en Ginza, forzada a casarse con el marido viudo de su hermana, adúltera confesa, que se negó a que el haiku no pudiese hablar de amor o de sexo, estignatizada en los ambientes más puristas del haiku. Cuando Masajo escribe haikus más tradicionales logra muchas veces una gran belleza:
Onna hitori mezamete nozoku hotaru kago
Una mujer sola.
Se despierta y mira
la caja de las luciérnagas
  • Kamegaya Chie (Siglo XX) Emigrante en Canadá, perteneciente a esa parte de la cultura nipona que existe fuera y al margen de su sociedad, con su haiku fuertemente contagiado de la modernidad poética occidental y su expresivo patetismo, cuya obra es desconocida en su propio país.
Oi ware no shinkei nibuku gan to shiru
Tan vieja estoy…
Ni me inmuté al saber
que tengo cáncer
  • Nisiguchi Sachiko (Siglo XX) Una anciana que aún vive y que ha pasado toda su vida en una aldea de cuarenta casas en el corazón de Shikoku, cultivando su huerto, cultivando su haiku seco y difícil, Japón en estado puro: ausencia total de pretensión, "una de tantas malas hierbas del haiku en Japón", según sus propias palabras.
Hitosuji no tsurô nokoshite bancha hosu
Entre las hojas de té
puestas a secar,
sólo un sendero.



[Arte Japonés] Poesía Haiku

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domingo, 11 de agosto de 2013

En el Japón antiguo la pinura de retratos, tal como se conoc en occidente, era desconocida. "Retratos" tales como los importados de China, por ejemplo, el del famoso juego de cinco estandartes de los patriarcas de la secta Shingon por el artista T'ang, Li Chen, eran más que simples parecidos de los individuos pintados; eram omtemtos encaminados a expresar el poder espiritual de los grandes dirigentes religiosos, en profunda meditación, u ocupados en animadas disputas teologicas. La influencia de esos modelos chinos puede apreciarse en el víviso retrato hecho por un artista japones de un maestro de Kōbō, el sacerdote Gonzō, que murio en el año 827. A pesar de que la pintura que tenemos en la actualidad es una copia hecha en el siglo XI, reproduce fielmente el estilo del original del siglo IX.

ANONIMO. Retrato del patriarca Shingon Gonzō: rollo de colgar, siglo XI, tinta y colores sobre seda. 157.6 x 137.1 cm. Wakayama, Japón, Monte Koya, Fumon-in.


En los retratos finales del período Fujiwara esta intensidad de sentimiento se reemplazaba por una combinación de esplendor decorativo y un vacío espiritual que son características de Shaka Nyorai. Entre las obras más atractivas del siglo XI, se encuentran los retratos de 16 Rakan (santos budistas) de Raigo-ji, ahora en el Museo Nacional de Tokio. Las caras no son caricaturas o están deformadas como en tantas versiones chinas, si no que están pintadas con naturalidad, y cada figura está colocada en un paisaje encantador, lo que muestra ya como el pintor japonés empezaba a adaptar el estilo decorativo T'ang para sus necesidades instintivas.

Shakanyorai o Shaka Nyorai (detalle) siglo XIII. colores sobre seda. 157.4 x 86.3 cm. Kyoto, Japón, Fingo-ji.

[Arte Japonés] Retratos Religiosos

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miércoles, 8 de mayo de 2013

El arte budista de Fujiwara atraía la vista y las emociones más que la mente. Lo mismo que la literatura de la época, expresa sentimientos de la delicadeza más grande en el lenguaje extraordinariamente refinado, pero raramente sondea las profundidades de la experiencia religiosa. El ejemplo supremo de esta estética emocional es la gran pieza de seda del Nirvana de Buda, del año 1086, que se conserva en el Monte Koya, una composición demasiado rica en detalle para que se pueda reproducir satisfactoriamente en color.

En su lugar el Shaka Nyoray el Jingo-ji, de Kyoto ha sido elegido, por ser igualmente típico de la época. Shakyamuni se representa aquí predicando desde un alto trono, cubierto de ropas de ricos colores a las que se ha dado mayor esplendidez usando kirikane, una trama de pan de oro cortado colocado sobre el fondo.
El dibujo es dedicado y el modelado lo sugiere una sombra apenas perceptible. Incluso las bandas de luz que emanan del halo de Shakyamuni están hechas con flores de oro, una extravagancia típica del período Fujiwara. El efecto de conjunto de este suntuoso estandarte se parece más al que produce una joya deslumbrante que una imagen religiosa.

[Arte Japonés] Dos obras maestras de la pintura budista Fujiwara

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martes, 7 de mayo de 2013

Ni las metafísica tortuosa de las sectas esotéricas ni las terribles visiones de los Reyes Iluminados ofrecían ningún consuelo a hombres y mujeres a la hora de la muerte. Éste lo buscaron al adorar a Amida (Amitäbha), el Buda que preside en el paraíso occidental y, a cuyo cuidado y protección pasarán las alamas de todos aquellos que invoquen su nombre. Este culto, que se conoce en Japón con el nombre de Jödö, empezó a extenderse en el año 985 en el Monte Köya, gracias al monje Genshin, que predicó el camino de la salvación con la fe. El santuario amidista más famoso que se conserva hoy día, en el edificio Fénix, Byōdō-in en Uji, data del año 1053. La elegancia de sus pabellones, que se reflejan en el agua, el esplendor de las pinturas que cubren sus paredes y puertas, son una perfecta expresión del refinamiento femenino del arte religioso de Fujiwara.

El diseño decorativo de estas pinturas está dedicado principalmente a los nueve aspectos de Amida Rigo (literalmente: Amida viniendo a dar la bienvenida), que representan a la divinidad descendiendo sobre nubes, entre una multitud de devotos y ángeles para recibir el alma de los fieles y llevarla al paraíso. Otra forma algo posterior, pintada en un biombo y colocada delante del moribundo, representa a Amida Yamagoshi (Amida cruzando las montañas), apareciendo como una enorme puesta de sol en el horizonte occidental.

Etas representaciones del Raigo, y otras composiciones primitivas tales como la soberbia visión del advenimiento de Amida conservada en el Daien-in en el Monte Koya son simétricas según la moda de los paraísos chinos, a pesar de que el Raigo es una invención puramente japonesa. Pero con el paso del tiempo produjeron el "Raigo Veloz" en el que el celestial anfitrión se precipita desde el cielo hacia la figura del difunto al pues de la esquina derecha. El "Raigo Veloz" o el mismo "Fudo Corriendo" expresan dramáticamente la necesidad urgente de consuelo y protección, que sentían hombres y mujeres durante los turbulentos años que proclamaban la caída del régimen de Fujiwara.


Fuente: LAS BELLAS ARTES: Arte Chino y Japonés. Editorial: GROLIER. Autores: Varios.

[Arte Japonés] Las pinturas de la secta de Amida

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viernes, 5 de abril de 2013

Para el devoto común, en busca de riqueza, posición y herederos, la metafísica budista era completamente incomprensible. Por encima de todo deseaba seguridad y le estremecía terriblemente contemplar las divinidades de aspecto colérico: los cinco Reyes Iluminados (Myo-o). Pintado con un realismo meticuloso, armados hasta los dientes y con una aureola de llamas, los Myo-o miraban iracundos desde la pared del temo, amenazando destruir no solo a los enemigos de la fe, sino también a los devotos. Se invocaba a la divinidad en una ceremonia a medianoche. Al hacer su aparición a través del humo del incienso a la incierta luz de las velas debió tener un aspecto terrible.

En la pintura más antigua existente de los Myo-o, el Fudo Amarillo que se conserva en el templo de Tendai en Mii-dera en el lago Biwa, la postura es estrictamente de frente. En posteriores representaciones, tales como el juego de cinco, fechado en 1127, en el To-ji en Kyoto, y el Myo-o Sentado en un Toro, en Boston, se nota un movimiento lateral que va en aumento, el cual culminó en el “Fudo corriendo” del siglo XIII. Una forma especialmente feroz puede verse. Dibujando en una línea vigorosa de tinta y presentando a Fudo inexorable e iracundo sobre una roca en la playa, solía invocársele a finales del siglo XIII como protección a la amenazante invasión mongólica.


[Arte Japonés] Formas crueles de Buda

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jueves, 4 de abril de 2013


Aunque el budismo comenzó su mayor expansión durante el periodo de Nara, mayor número de pinturas religiosas de la época Heian han sobrevivido. Esto debido principalmente a la popularidad de dos sectas esotéricas  Tendai y Shingon, provenientes de China, que se introdujeron en el Japón a principios del siglo IX.
La Tendai (en chino: T`ien-t`ai) que fue establecida en el Monte Hiei en el año 805 por el sacerdote Saicho, llamado Dengyo Daishi, que enseño un método que lo abarcaba todo basado en el texto "Loto Sutra". La Shingon (en chino: Chen-yen) fue llevada al Japón tres años más tarde por Kukai, llamado Kobo Daishi. La Shingon sostuvo que todo ser es la manifestación de la sabiduría divina, que se deifica como el primordial Buda Dai-nichi Nyorai (Maha-Vairochana).

Las dos sectas sostenían que solamente los sacerdotes podían interceder a la divinidad, y las dos inventaron complicados rituales, cuyas formulas eran conocidas únicamente por los sacerdotes. De aquí el epíteto "esotérico". Los servicios religiosos que llevaban a cabo con la ayuda de imágenes, pinturas, y mandaras (diagramas místicos), que ilustraban el aspecto mistico de la doctrina.

Los principios del Shingon solamente podían representarse con los mandaras, eran dos tipos básicos: el Taizo-kai (El mundo de la razón), el llamado mandara matriz del mundo material, que representaba a Dai-nichi Nyorai sentado en una aureola circular rodeado de la hueste celeste; o el Kongo-kai (El mundo de la sabiduría), el mandara diamante del mundo espiritual, en forma de cuadrado dividido en nueve secciones, cada uno conteniendo su grupo de Budas. Aunque a primera vista los mandaras parecen demasiado solemnes para atraer la atención como obras de arte, los mejores de ellos poseen en la forma una belleza de joya, línea y color que ilustra bien el poder singular del arte budista de dar forma visible a los conceptos metafísicos.




[Arte Japonés] Budismo esotérico: los mandaras

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Hacía finales del siglo VIII los monasterios habían acumulado tanta riqueza y poder, que se hizo necesario, si no se quería que el estado fuera gobernado por los monjes, que la administración se traslada a una distancia prudente de Nara. Por consiguiente se fundó una nueva capital en el año 794 en Kyoto, o Heian como entonces de le llamaba. El último periodo Heian, del 901 al 1185, se conoce a menudo como el periodo Fujiwara, nombre de la famosa familia que gobernaba el Japón, desempeñando el cargo de regentes a una serie de emperadores inútiles  o de abdicaciones forzosas, En la hermosa ciudad de Heian "Ciudad de paz y reposo", rodeada de colinas cubiertas de árboles, los extensos palacios, con sus techos parecidos a alas de pájaros y sus jardines acuáticos se convirtieron en un mundo aparte.

Los hermosos príncipes y las bellas damas holgaban de lujo, saboreando toda las delicias del intelecto y de los sentidos. Florecieron la poesía y la caligrafía, las meriendas al aire libre y los concursos de oliscar incienso, las modas y el chismereo, todo ello en una atmósfera de invernadero cada vez más enrarecida y artificial. Los hombres se inclinaron por la erudición y la literatura del continente, y les pareció más noble escribir en chino. Sus damas, menos eruditas y con menos inhibiciones, escribieron en su lengua nativa, y exploraron un mundo lleno de emociones que era puramente japonés y, que con tiempo, sería inspiración del nacimiento de la pintura indígena, llamada Yamato-e (arte del Yamato, es decir del Japón). 

Para tener una idea de esta cultura cortesana no hay nada mejor que leer las maravillosas traducciones de Arthur Waley, de dos obras escritas por dos damas de la corte de aquella época, "El libro del Cabezal" de Sei Shonagon y la novela romántica "El cuento de Genji".






Fuente: LAS BELLAS ARTES: Arte Chino y Japonés. Editorial: GROLIER. Autores: Varios.


[Arte Japonés] El período Heian, años 794-1185

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viernes, 11 de enero de 2013


Japón posee una rica cultura musical que comprende una variada paleta de estilos tradicionales como también una diversa oferta de estilos modernos que incluyen rock, electro, punk, folk, metal, reggae, salsa, y tango como también música country y hip hop.

La música tradicional japonesa se conoce con el nombre de Hougaku (邦楽), mientras que la palabra Ongaku (音楽) designa a la música en general. La denominación moderna J-Music se refiere a ciertas ramas de la música japonesa con toques occidentales, J-rock (Japanese Rock) y Visual Kei(Estilo visual) en el genero rock.

Música tradicional japonesa


En el siglo XVI, los komuso, grupo de monjes budistas Zen, desarrollaron una práctica de meditación sonora. A esta práctica de meditación individual, que consistía en meditar mientras soplaban ciertos sonidos en un Shakuhachi - una flauta japonesa que se sujeta verticalmente como una flauta dulce en lugar de como la tradicional flauta travesera - y la llamaron suizen. Los sonidos no eran improvisados y el objetivo de estos monjes Zen era llegar a la la iluminación a través del sonido del shakuhachi. El shakuhachi no era considerado un instrumento musical, gakki, sino uno de práctica religiosa budista, hooki.

En 1871 este grupo de monjes es proscripto y entonces el sonido del shakuhachi comienza a ser transmitido en calidad de música con el nombre de música original, honkyoku.

En Japón existe una innumerable variedad de tipos de música tradicional. Dos de los estilos más antiguos son shōmyō, u "hombre gordo que canta", y gagaku, o música orquestal de la corte, ambos estilos provienen de los períodos Nara y Heian.

El gagaku es un tipo de música clásica que ha sido ejecutada en la Corte Imperial desde el período Heian. Kagurauta (神楽歌), Azumaasobi(東遊) y Yamatouta (大和歌) son repertorios relativamente autóctonos. Tōgaku (唐楽) y komagaku se originaron a partir de la dinastía china Tang por transmisión por la península de Corea. Adicionalmente, el gagaku se divide en kangen (管弦) (música instrumental) y bugaku (舞楽) (danza acompañada de gagaku).

Las honkyoku ("piezas originales") se remontan al siglo 19 a. C.. Estas son piezas para solo de shakuhachi ejecutadas por los monjes de la secta mendicante Fuke de budismo Zen. Estos monjes, llamados komusō ("monjes de la vacuidad"), ejecutaban honkyoku para las limosnas e iluminación. La secta Fuke dejó de existir hacia finales del siglo XIX, pero actualmente continúa una tradición escrita y oral de numerosos honkyoku , si bien esta música es hoy a menudo ejecutada en conciertos o escenarios musicales.

Los samurái a menudo escuchaban y tomaban parte en la ejecución de actividades musicales como parte de sus prácticas para enriquecer sus vidas y conocimiento.

El teatro musical se desarrolló en Japón desde épocas muy antiguas. El noh (能) o nō se generó a partir de varias tradiciones populares y hacia el siglo XIV se había convertido en un arte altamente refinado. Kan'ami (1333-1384) y Zeami (1363?-1443) lo elevaron a su posición de máxima sofisticación. En particular Zeami fue autor del núcleo del repertorio Noh y fue autor de muchos tratados sobre los secretos de la tradición Nō (que recién fueron ampliamente difundidos a partir de la edad moderna).

Otra forma de teatro japonés es el teatro de títeres o marionetas, a menudo llamado bunraku (文楽). Este teatro de marionetas también posee raíces populares y se desarrolló especialmente durante Chonin en el período Edo (1600-1868). Generalmente es acompañado por versos recitados, en varios estilos de jōruri acompañados de música shamisen.

Durante el período Edo los actores (a partir de 1652 solo adultos varones) actuaban en el teatro kabuki que era muy popular y colorido. El kabuki, incluía todo tipo de representaciones desde obras históricas hasta piezas musicales con números de danza, era a menudo acompañado por cantos en estilo nagauta y actuaciones shamisen.


Fuente: wikipedia

[Arte Japonés] La Música en Japón

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domingo, 6 de enero de 2013

Homosexuality in the World (Sapnish/English)

TSUNETOMO & MITSUSHIGE (1700 CE)

Español:
El samurai practicaba la homosexualidad estructurada por edades, mejor conocida como shudō. Normalmente, un samurai servía a su daimyō con honor, y se esperaba que siguiera a su señor hasta la muerte. Sin embargo, Mitsushige disgustaba de esta costumbre y pidió a su amado samurai, Tsunetomo, que rechazar a su propia muerte. Irónicamente, esta ruptura con la tradición llevó a que fuera escrito en el código samurai. 
Tsunemoto vivió en un retiro en las montañas, y dicto en su visita de un joven samurai, algunas enseñanzas que se convertirían en el Hagakure(葉隠), una guía fundamental para la cultura samurai.

English:

Samurai practiced age-structured homosexuality, known as shudō. Ordinarily a Samurai served his daimyo with honor, and was expected to follow his lord in death. However, Mitsushige disliked this custom and asked his beloved samurai, Tsunetomo, to reject it upon his own death. Ironically, this break with tradition led to the samurai code being written down; Tsunetomo lived to retire into the mountains, where he dictated to a young visiting samurai; His commentary became the Hagakure, a seminal guide to samurai culture.



Créditos: eshto.deviantart.com/

[Serie] La Homosexualidad en el Mundo (Japón)

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sábado, 8 de septiembre de 2012


Edificada en el año de 756, la tesorería del gran templo en Todai-ji contiene una de las colecciones mas grandes y mas antiguas del mundo de arte y artesanía. A la muerte del emperador Shomu en dicho año, su piadosa emperatriz presento los tesoros de la corte al templo; estos se colocaron en un enorme almacén de madera, el Shoso-in, en donde han permanecido en perfectas condiciones, aunque con algunas pérdidas y algunas adiciones. 
Entre los 10,000 objetos, se encuentran ejemplos del arte decorativo de T’ang de una calidad soberbia, de los que ninguno parecido ha sobrevivido en China. El inventario original anotaba 100 biombos, de éstos sólo que un ejemplar pintado. En cada uno de los paneles de representa a una bella dama, regordeta según la moda de la época, de de pies o sentada bajo un árbol. El tema, popular en el arte T’ang, viene últimamente del coreano oriente, y es simplemente uno de los muchos ejemplos de la influencia occidental asiática en el arte de Shoso-in.

Otra reliquia preciosa de Shoso-in es un enorme pedazo de tela de cáñamo con la figura boshisattva trazada libremente en tinta, en una línea de pincel absoluta igual que las famosas de Wu Tao-tzu.




Fuente: LAS BELLAS ARTES: Arte Chino y Japonés. Editorial: GROLIER. Autores: Varios.

[Arte Japonés] Las pinturas del depósito de Shoso-in

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Sin poseer documentos históricos no hay forma de saber con seguridad quien o quienes, pinturas como el kichijo-ten.  No hay duda, por otra parte, que los rollos de la “escritura de causas y efectos” ilustrada, o el INGAKYO, se copiaron en el Japón de un original chino. Cuatro versiones de las versiones japonesas se pintaron a mitad del siglo VIII, la quinta probablemente medio siglo más tarde; hay también fragmentos en varios museos occidentales. 


El Ingakyo  relata la historia de la vida real }, y de las vidas pasadas de Buda, la ilustración esta por encima del texto, y se lee de derecha a izquierda como e}todos los rollos del extremo oriente. A pesar de que los acontecimientos pertenecen a la india del siglo VI a.J., estan colocados como en la pinturas de Tunhuang, con la “ropa moderna”  de la ciudad China de T’ang; son notables por su gracia ingenua y su claridad, y por la habilidad con que un acontecimiento sucede al otro, la misma figura apareciendo una y otra vez en el panorama de un paisaje continuo.


Fuente: LAS BELLAS ARTES: Arte Chino y Japonés. Editorial: GROLIER. Autores: Varios.

[Arte Japonés] Los rollos de Igakyo

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domingo, 19 de agosto de 2012

De los maravillosos estandartes pintados que decoraban los templos budistas del período Nara, no queda casi nada. Algunos fragmentos del paraíso de Amida tejido en tapicería de seda se conservan en el Taima-dera, templo al sur de Nara. El más importante de los estandartes que sobreviven en el llamado Hokke-do mandar (Diagrama místico d la predicación), representando a Shakyamuni predicando en el pico del buitre. Se guardó en el Hokkei-do de Todai-ji, el gran templo de Nara, hasta finales del siglo XIX, y ahora es uno de los tesoros del museo de Bellas Artes de Boston. Aunque deteriorado, obscurecido y muy retocado, las figuras de la divinidad y sus servidores aparecen con un resplandor sobrenatural en un fondo de montañas cubiertas de bosques, lo que proporciona una valiosa evidencia para el estudio de los paisajes del estilo T’ang. El hecho de que el mandara sea en tejido basto de cáñamo en lugar de seda, indica que fue ejecutado en el Japón, y no en la China. 

La riqueza de los monasterios budistas de Nara se debía grandemente al generoso mecenazgo de la corte, un mecenazgo que inevitablemente dejó sus efectos en el arte budista. Una ilustración notable de esta influencia puede verse en un pequeño estandarte que se conserva en Yakushi-ji. Representa a Kichijo-ten (Mahashri), diosa de la riqueza y encarnación de la belleza, cuya adoración fue ordenada por la emperatriz en un edicto del año 767, la elegante figura, cubierta de ropas transparentes y chalinas ondulantes salpicadas de oro, tiene un aire muy mundano, que no refleja la espiritualidad budista, sino más bien un tipo opulento de belleza femenina creado en China por los pintores de la corte de T’ang, Chang Hsüan y Chou Fang.



Fuente: LAS BELLAS ARTES: Arte Chino y Japonés. Editorial: GROLIER. Autores: Varios.

[Arte Japonés] Otras pinturas budistas del periodo Nara

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sábado, 21 de julio de 2012

Por un edicto del año 701 se organizó un Departamento de Pintura dependiente del Ministerio de Asuntos del Interior. Estaba compuesto por cuatro maestros pintores, sesenta pintores, funcionarios y auxiliares. Fueron probablemente los pintores de ese departamento los responsables del decorado de gran parte de los palacios y de los templos que se construyeron en Nara y sus alrededores durante los siglos VII y VII. Entre sus logros se cuentan las grandes series de pinturas murales de Kondo (Sala Dorada) de Horyu-ji en Nara.


     La fecha exacta de esas pinturas no es cierta aunque muchos expertos la colocan enre los años 680 y 710. Decoran las paredes interiores de la sala y su intención era que instruyeran a los devotos que daban una vuelta ritual alrededor de las imágenes del estrado central. Cuatro grandes tablas, cada una de unos tres metros de alto por dos metros 45 de ancho, representan los cuatro paraísos, que según las doctrinas populares del Japón de aquella época, se encuentran más allá de las fronteras del mundo. Con toda probabilidad en la pared del este se encuentra el paraíso de Shakyamuni, en la del noreste el de Yakushi, Buda curativo en la del noroeste el de Miroku (Maitreya); en la del oeste se encuentra, sin duda, el paraíso de Amida (Amitabha), cuyo culto era el más popular de todos. Entre ellos hay ocho tablas verticales conteniendo cada una un bodhisattva. El paraíso tiene una colocación netamente formal, con la divinidad que lo preside en un trono de loto en el centro debajo de un baldaquín de flores, a sus lados bodhisattvas y servidores. Nobles, sosegadas y austeras, pertenecen a un mundo eterno muy remoto del mundo de visiones intensamente humanas de los pintores religiosos del oeste tales como Fra Angélico. Están dibujados sobre yeso seco en una línea de pincel absoluta de una fluidez y sutileza maravillosas; una sugestión de sombra da un efecto de firmeza plástica; el color es moderado, pero el pigmento se acumula en las flores y la joyería en un rico empaste. Algunos expertos han descubierto en estas tablas la influencia de las pinturas budistas del Asia central. Son, sin embargo, esencialmente chinas en su estilo, aunque más refinadas que ninguna pintura budista del mismo período que sobrevivía en China. Después de haber sido conservadas durante más de 1200 años, fueron grandemente destruidas en 1949 en un incendio.



Fuente: LAS BELLAS ARTES: Arte Chino y Japonés. pag. 101. Editorial: GROLIER. Autores: Varios.

[Arte Japonés] Las pinturas murales del Kondo en Horyu-ji

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En el año 640 el emperador Kotoku promulgó una serie de decretos tendentes a modelar su reino según la imagen de la China de T’ang, que por entonces se acercaba al apogeo de su poder y prestigio en el este de Asia. El Japón dejó de buscar una guía en Corea. El gobierno y el orden social, el arte, la ropa, los modales e incluso el idioma debían modelarse lo más estrechamente posible de acuerdo con los modelos chinos. La nueva capital, fundada el año 710 en Nara, era una copia de la ciudad de Ch’ang-an de T’ang. Los años que se conocen con el nombre del período de Nara, desde el 710 hasta el traslado  de la capital a Kyoto en el 794, señalan el auge de la ola de influencia china. Se le llama a veces el período Tempyo, aunque hablando con exactitud el Tempyo abarca sólo desde el año 729 al 748. Llegaron luego otras olas de arte y cultura chinos a las playas del Japón, pero jamás en forma tan arrolladora como las que llevaron la brillante civilización de la dinastía T’ang.


Fuente: LAS BELLAS ARTES: Arte Chino y Japonés. pag. 101. Editorial: GROLIER. Autores: Varios.


[Arte Japonés] El periodo de Nara, años 710-794

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viernes, 29 de junio de 2012

El despertar de Japón a la civilización del continente asiático tuvo lugar con una rapidez espectacular. Los misioneros budistas del reino coreano de Paekche es posible que llegaran a Japón antes de terminar el siglo V, pero los primeros contactos de que hay noticia ocurrieron en el año 538, cuando el gobernador de Paekche mando al emperador Kimmei un regalo de sutras (escrituras budistas), una imagen de buda y un estandarte. Al principio hubo una gran oposición regional a la nueva religión, y una pagoda erigida en el año 585 fue destruida por el grupo anti-extranjero. Pero en el año 588, un grupo de monjes y arquitectos, junto con un pintor, llegaron de Corea, y muy poco después, en la que hoy en día es Osaka, se erigió el templo de Shitenno-ji. Este es el templo más antiguo del Japón, del cual, los fundamentos existen. En el año 610 un pintor del reino coreano Kogoryo introdujo en el Japón las técnicas de prepara los materiales para pintar.
     Durante el reinado de la emperatriz Suiko (593-628) el budismo se extendió rápidamente. Su regente Shotoku Taishi (592-622), sin duda inspirado por el ejemplo del gran monarca budista indio Ashoka, fundo más de 40 establecimientos religiosos en la capital japonesa de Asuka y en sus alrededores, en la región de Nara. De ellos los más famosos son: Horyu-ji, Daian-ji y Horin-ji.
      A pesar de que sus principales arquitectos, escultores y pintores fueron seguramente coreanos, les ayudaron japoneses, que llevaron a su trabajo, no solamente el ansia de aprender sino también los altos niveles de artesanía por los que el Japón desde entonces e famoso. La región de Nara fue el centro del budismo en el Japón desde el principio y a seguido siéndolo. También se ha convertido en un lugar de peregrinación para los amantes del arte budista. De los templos chinos de T’ang, muy poco a sobrevivido después de la persecución del año 845, todavía queda menos en Corea. Pero los templos de Nara todavía existen; un verdadero tesoro del arte del periodo más esplendido en la historia del arte budista del extremo oriente.
     Solamente dos reliquias de pinturas budistas se han conservado de esta primera fase en el Japón. Una de estas es la tapicería que representa el paraíso de Miroku (Maitreya), cosidas por las damas de la corte en el año 622 como devoción pasa asegurar el descanso de Shotoku Taishi. Los nombres de los artistas que lo diseñaron están anotados; todos eran inmigrantes y probablemente coreanos. En la actualidad no quedan más que fragmentos; pero puede verse cuan de cerca el arte pictórico que inspiró en el arte chino.
      La reliquia más importante del estilo pictórico Asuka es un templete de Tamamushi, llamado así porque sus tablas van orladas de una cenefa de bronce dorado colocado encima de los élitros iridicentes de un escarabajo llamado insecto-alhaja (tamamushi). El templete, tiene la forma de un templo en miniatura colocado sobre una base alta que se construyó probablemente entre los años 650 y 675. Las tablas de la puerta van pintadas con figuras de guardianes celestiales, las puertas de los lados con bodhisattvas; detrás de una pintura estilizada del Buitre Pico. Las cuatro tablas de la base muestran el Monte Sagrado Meru, de los devotos delante de una reliquia de Buda y dos narraciones del Jatakas. La pintura es ejecutada en la línea clara y fluida, en laca amarilla, roja y verde sobre Occidente. El estilo, que podría llamarse sinocoreano, posee una lisura decorativa y un encanto lírico que debió de haber atraído el gusto japonés de la época.












Fuente: LAS BELLAS ARTES: Arte Chino y Japonés
pag. 100, Editorial: Grollier, Autores: Varios.

[Arte Japonés] El Período Asuka, años 552-645

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lunes, 30 de abril de 2012

Los vestigios más antiguos del arte pictórico japones descubiertos, consiste en adornos pintados sobre cacharros, y dibujos modelados en relieve en las campanas de bronce (a) del periodo Yayoi medio (siglo I D.J.). Muestran hombres ocupados en la caza (b), en un bote, descascarando arroz (c), y en otras ocupaciones rurales, y animales y aves, especialmente ciervos y aves acuáticas. por su forma y por el estilo de sus dibujos, estas campanas son distintas de todo lo producido en el norte de China en aquella época, aunque es posible que tengan una relación con el arte del bronce del Valle de Yangtze (reino de Ch'u).
Las pequeñas escenas tienen una limpieza de diseño y una posición de ejecución que se convirtieron luego en las características notables del arte de Japón.

Algo posteriores a las pinturas de las tumbas del periodo de los Tumulos (alrededor de los años 250-550 D.J.), la mayoría de las cuales se han hallado en la parde norte de Kyüshu cerca de Corea. De las 71 tumbas descubiertas, las más importantes son la de Otsuka (Tumba Real) cerca de Fukuoka, y la del pueblo de Takehara, las dos del siglo V, o principios del siglo VI. Las losas que cubrían las tumbas estaban recubiertas con una capa fina de arcilla, en la que había pinturas de hombres, caballos, plantas estilizadas, dragones y las barcas que se llevaban las almas de los muertos. Los colores -rojo, verde, amarillo y negro- son atrevidos y aplicados con crudeza, y los diseños muestran cierta afinidad con las pinturas de tumbas mucho más complicadas que la Corea contemporánea.






Fuente: LAS BELLAS ARTES, Vol. 09, Arte Chino y Japonés. Pag. 99


[Arte Japonés] La pintura en la época prehistórica.

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